
Cuando Jacques se dormía más profundamente, yo apoyaba la cabeza en su hombro y él, nada, a pegarme un manotazo como si fuera una mosca tocapelotas. "Jo, Jacques, ni siquiera dormido me haces caso...".
Y, en realidad, aunque parezco bastante concienzuda, me doy por vencida con relativa facilidad. Así que, cansada de que no me hiciera ni caso y de que me pegara manotazos, le puse todos sus deuvedés en una bolsita de Mercadona, encendí la luz y le dije que se fuese a su casa, que la pensión CasaClicka estaba llena. Después me arrepentí un poco, pero ya estaba hecho.